¿Y quién cuidará de Paquirrín ahora?
Y ahora que el drama familiar alcanza cotas desproporcionadas, sólo vistas en los telefilmes “basados en hechos reales”, donde una gimnasta consigue la medalla de oro en las olimpiadas de invierno después de haber perdido una pierna en el estómago de un cocodrilo… ahora, yo me pregunto… ¿quién cuidará de Kiko?
Kiko, o Paquirrín, que viene a ser lo mismo, porque los artistas son así, igual que en su momento Prince se cambiaba el nombre como quien cambia de camisa, repito, Kiko, antes que artista, fiestero profesional o “hijo de”, es persona.
¿Quién se preocupará de llevarle por el buen camino?
Ahora que la Pantoja ha sido detenida, por cierto, me asaltan un par de dudas… mientras le hacían la foto en comisaría, ¿habrá dicho ella eso de “dientes, dientes, que es lo que les jode”? ¿Se habrá quitado las gafas de sol para posar?
Pero esto no es lo importante ahora.
Hay que pensar en Kiko, ese Bambi del siglo XXI, desvalido e inocente.
Ausente Cachuli, ese camarero que evolucionó a alcalde por obra y gracia de la honradez y el trabajo duro (no hay más que verle la cara para comprobar que es un compendio de estas virtudes), el drama se completa cuando detienen a Mamá Pantoja.
No podemos dejar que este niño crezca en este mundo tan hostil sin el cariño que se merece.
Kiko, querido, que no tengas que buscar nunca abrazos en los saldos de las esquinas que, aparte de caros, no son de verdad.
Quiero que sepas que en mi casa nunca faltará un puchero con tu nombre.
Porque este es un deber de todos.
Y yo no pienso eludir mi responsabilidad.
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